EL BEATO MARK ÇUNI Y LOS MÁRTIRES DE ALBANIA

EL BEATO MARK ÇUNI Y LOS MÁRTIRES DE ALBANIA

13,00 €

  • Editorial: EDICIONES ENCUENTRO
  • Año de edición:
  • Materia: Religión
  • ISBN: 978-84-9055-947-5
  • Encuadernación: Rústica
  • Colección: 100Xuno
  • Idioma: Español

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Didier Rance es historiador, exdirector de Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) en Francia, miembro de la Comisión Pontifica Nuevos Mártires entre 1995 y 2000 y autor de libros dedicados especialmente a recopilar testimonios concretos sobre la represión religiosa en los países del Telón de Acero. Tras la caída del Muro de Berlín, Rance viajó a estos países para entrevistarse con numerosas víctimas. En la editorial Palabra ha publicado La gran prueba, un conjunto de testimonios de diferentes países (Albania, Bielorrusia, Bulgaria, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Chequia y Ucrania).
En este nuevo libro, en la misma línea que el anterior, reúne una serie de breves biografías dedicadas a un grupo de mártires albaneses de la época comunista. La introducción sitúa perfectamente en el contexto político en el que viven las víctimas protagonistas. Como es un país pequeño y sin apenas peso internacional, sobre Albania se extendió un manto de silencio y de ignorancia sobre lo que estaba pasando durante la férrea dictadura de Enver Hoxa. Cuando se ha conocido con detalle la persecución religiosa que tuvo lugar en Albania, el papa Juan Pablo II afirmó en 1993, poco después de la caída del régimen comunista: “Nunca antes había conocido la historia algo como lo acontecido en Albania”.
Cuando finaliza la Segunda Guerra Mundial, Albania queda bajo la influencia de la URSS. Enver Hoxa, que llegó al poder en 1944, convirtió el país en 1946 en una República popular comunista. En ese año, el 50% de la población eran musulmanes; el 20%, de religión ortodoxa; el 15%, baktashis (religión sincretista de origen musulmán), y un 11% católicos (6 obispos, 187 sacerdotes y 124.000 laicos). A diferencia de otras confesiones, los católicos tenían una importante presencia social, cultural y educativa. Desde sus inicios, la dictadura comunista aplica una sistemática persecución contra todo lo religioso, de manera especial contra los católicos. Los servicios secretos albaneses, la Segurimi, creada a imitación de otros servicios secretos comunistas, sometió a todos los ciudadanos a una estrecha vigilancia, expulsó a los misioneros extranjeros, cerraron escuelas y capillas y se prohibió cualquier manifestación pública de la religión. El adoctrinamiento ateo se impuso en las familias y en todas las escuelas y medios de comunicación.
La dictadura de Enver Hoxa no dejó ningún resquicio de libertad. Se calcula que entre el 10 y 15% de la población pasó por algún campo de concentración. Como sucedió en otros países comunistas, los servicios secretos aplicaron los mismos métodos: acusaciones arbitrarias, condenas sin garantías, juicos espectáculos, etc. De los 6 obispos, asesinaron a cinco (y detuvieron al que quedó vivo); y en campos de concentración y en juicios sumarísimos murieron casi 130 sacerdotes.
El libro describe las vidas de un buen grupo de mártires que fueron ejecutados o padecieron persecución en los diferentes campos de concentración que se crearon en Albania imitando el modelo del Gulag soviético. En estas biografías se repiten las mismas constantes: intensa y ejemplar entrega religiosa de los biografiados, detenciones arbitrarias, juicios repletos de irregularidades, denuncias imaginarias, testigos falsos, conspiraciones ridículas, acusaciones de espías internacionales y del Vaticano… Todo vale con tal de condenar cualquier atisbo de creencia religiosa. En todos los casos, aparece el rostro más represivo del comunismo, su sectarismo religioso y su violencia institucionalizada. Un buen ejemplo de todo esto es la biografía de Mark Çuni, joven seminarista que fue acusado con otros colegas de pertenecer a una inexistente organización clandestina que preparaba un golpe de estado. Las condenas, con sus dosis de espectáculo, fueron sumarísimas.
Todos los casos relatados son ejemplos concretos de esta sinrazón. Las acusaciones eran en ocasiones tan ridículas que a alguno de estos mártires les acusaron hasta de la muerte “en la hoguera” de Galileo.

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