Adaptación teatral de la tradicional anécdota popular protagonizada por un pastor bromista que alarmaba a sus vecinos con la presencia del lobo sin que tal amenaza fuese cierta. La obra tiene un montaje escénico muy sencillo y ágil, y resulta idónea para ser representada por actores infantiles. El texto, fácil de memorizar y de vocabulario sin problemas de comprensión, queda realzado por unas ilustraciones muy atractivas, que sugieren, además, ideas para realizar la decoración del escenario.
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