- Editorial: CIRCULO DE TIZA
- Año de edición: 2025
- Materia: Narrativa contemporánea
- ISBN: 978-84-129912-1-5
- Páginas: 272
- Encuadernación: Rústica
- Colección: < Genérica >
- Idioma: Español
Ahorras un 5,0%
22,00 €
20,90 €
Alerta disponibilidad onlineAhorras un 5,0%
22,00 €
20,90 €
Es un retrato impresionista, pleno de afecto y mirada acerada sobre Madrid. Requiere leerlo poco a poco, porque no es una guía, sino un lamento porque Madrid va dejando de ser su ciudad, cercana, familiar y sencilla, y se está convirtiendo en la ciudad invisible, por las prisas y la falta de trato entre la gente. Equilibrar tradición y crecimiento es complejo, pero la personalidad de Madrid, convertida en personaje literario, consiste en aceptar a todos y que eso nos haga mejores.
El libro se organiza en tres partes, con capítulos breves. Se abre con La ciudad que se pierde, donde rememora su infancia y su juventud, las costumbres que generaban arraigo: la panadería de barrio o las mantequerías antiguas antes de que el código de barras [de los modernos supermercados] nos hiciera ser uno más de la manada. Barrios como Malasaña o locales como el Cok, donde aún se puede hablar. Referencias a Sabina, Manolo Tena, a Umbral y otros grandes de los ochenta.
En la segunda parte, La ciudad que se estrena, la ironía y la melancolía sustituyen a la alegría de vivir y al sentimiento de arraigo. A Madrid ha llegado la deshumanización: los pisos turísticos echan a la gente fuera y el turismo desbocado hace insufrible la ciudad. Hay más mascotas que niños. La gente no pasea, se desplaza haciendo footing o va embelesada en la pantalla del móvil, impermeables para los demás.
Y en la última, La ciudad de los mil pueblos, pareciera que Madrid, hecha de todas las personas que vinieron a currar y cumplir sus sueños, estuviera conformada por microcosmos con personalidad propia, desde barrios como El Retiro, La Puerta del Sol, La Latina; otros más periféricos como el Bernabeu, Prosperidad o La Conce; para alejarse hacia Tetuán, Carabanchel o Vallecas, hasta las frías y lejanas urbanizaciones de las afueras.
El lenguaje es barroco e impresionista, se descoyunta en asociaciones expresivas: el campanario [de San Francisco el Grande] rugía para dejar a la ciudad sorda de fe, o en expresiones castizas: esta ciudad que no tiene mar, porque no quiere. Se advierte que es un maestro de la columna periodística.
Francisco Andrés

Añadir a mis favoritos
Compartir