Desaparecer
Maria Stepánova
Segunda novela de Stepánova que trae Acantilado para el lector español, tras publicar En memoria de la memoria en 2022. Ambas comparten el tono lírico y melancólico, característico de la autora. Pero, así como en la primera se recreaba en el pasado, en Desaparecer se plantea la identidad rusa en el presente actual, con referencias a la invasión de Ucrania por parte de la «Besti...
Segunda novela de Stepánova que trae Acantilado para el lector español, tras publicar En memoria de la memoria en 2022. Ambas comparten el tono lírico y melancólico, característico de la autora. Pero, así como en la primera se recreaba en el pasado, en Desaparecer se plantea la identidad rusa en el presente actual, con referencias a la invasión de Ucrania por parte de la «Bestia», imagen del imperialismo ruso y símbolo de la opresión política que anula y corrompe a sus gentes. Corrupción que, por impregnación y contigüidad, se proyecta en la lengua y en los ciudadanos, generando una sensación de desarraigo y vergüenza que la protagonista, fuera de su país, padece en silencio.
La atmósfera de incertidumbre envuelve la novela, incluso los nombres y los lugares solo se mencionan por la inicial o por un detalle: "la mujer alta", "la Piernas". M., la protagonista, es una escritora que reside en la ciudad de B. desde que su país declarara la guerra a un estado vecino. Vive sola, exiliada no solo de su tierra, sino también de su lengua, incapaz ya de escribir. Por circunstancias azarosas, cuando, invitada a un evento literario, viaja a otra ciudad, queda incomunicada en un lugar desconocido. Lo que parecía una desgracia se convierte en liberación: ese deseo difuso de desaparecer y cortar consigo misma y con su historia se convierte en posibilidad real. La alegría de estar flotando en la nada, sin nadie que sepa de ella o pueda solicitarla, ejerce una fuerte atracción: ha desaparecido, sola por fuera y vacía por dentro.
Es relevante la simbiosis entre contenido y tono literario, gracias a la disociación de la autora en dos voces: la narración desde el yo se sucede sin solución de continuidad con la narración omnisciente. Así, mundo exterior y vivencia interior adquieren un mismo nivel de realidad que dota al relato de una coherencia contemplativa sugerente y lírica; donde la naturaleza, gracias a comparaciones e imágenes vigorosas, acompaña los estados de ánimo y es un personaje más. La mirada de la autora, irónica y con humor, esconde bajo una apariencia de delicadeza y contención un descarnado mensaje.
Francisco Andrés
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