La Leyenda del Santo Bebedor
Joseph Roth
Un vagabundo de origen austrohúngaro, que vive bajo los puentes del Sena, se encuentra una noche a un enigmático caballero que le ofrece doscientos francos. El menesteroso, que tiene un severo sentido del honor, no quiere aceptarlos en principio, porque sabe que no podrá devolverlos; pero el desconocido le sugiere que los deposite ante una imagen de Santa Teresita de Lisieux. D...
Un vagabundo de origen austrohúngaro, que vive bajo los puentes del Sena, se encuentra una noche a un enigmático caballero que le ofrece doscientos francos. El menesteroso, que tiene un severo sentido del honor, no quiere aceptarlos en principio, porque sabe que no podrá devolverlos; pero el desconocido le sugiere que los deposite ante una imagen de Santa Teresita de Lisieux. Desde ese momento, innumerables avatares se interpondrán en su camino, haciendo que sus dineros se consuman y multipliquen curiosamente.
Esta novela corta, publicada en París pocos meses después de la muerte de Roth (Ucrania, 1894-1939), constituye una parábola lúcida y singular sobre la enajenación que produce la bebida. El relato está dotado de una singular intensidad que, sin duda, se debe a la experiencia personal del autor con el alcohol.
El atractivo fundamental de la obra no reside en las peripecias externas del personaje, aunque éstas se siguen con gran interés, sino en la situación límite en que el autor coloca a su criatura, que se debate entre el goce del despilfarro y el deber ineludible de cancelar su compromiso. Se trata, en definitiva, de un texto original, de una narración admirable propiciada por el estilo inconfundible de uno de los mejores escritores contemporáneos de este siglo.
© Reseñas bibliográficas Fundación Troa
Andreas Kartak es un vagabundo que duerme bajo los puentes del Sena. Indigente, alcohólico, es nuestro oscuro gemelo perdido, ese personaje sobre el que volcamos nuestras fantasías de autodestrucción. Todos hemos sido Andreas alguna madrugada, bajo el influjo de la bebida, ebrios de irresponsabilidad, creyéndonos impunes, eternos, soñando con abandonarlo todo, la familia, el trabajo, la respetabilidad, la decencia, anhelando intercambiar nuestras vidas por el simple deleite de alargar, una copa más, una más, ese instante perfecto que no podemos retener; al final volvemos a casa, nos acostamos y al despertar llega la resaca, esa abominación que solemos llamar realidad. Sin embargo, a Andreas, nuestro Santo Bebedor, un día el despertar le reserva un milagro: en lugar de la resaca, un premio a su perversidad. Algo empieza a funcionar al revés (es decir, bien) en este mundo que siempre juzga méritos y culpas; por más que Andreas incumpla sus promesas, una y otra vez, lo que obtendrá a cambio serán recompensas. Es como si el azar, ese dios de la vida urbana, se compadeciera del pobre Andreas y le regalara unos últimos días de felicidad. Que nadie busque moralejas, porque estas son siempre el consuelo de los finales tristes.Juan Pablo VillalobosIlustración de la cubierta: Pere Joan
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