LA UNIVERSIDAD CENTRAL DURANTE LA SEGUNDA REPÃBLICA
LAS CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES Y LA VIDA UNIVERSITARIA
Eduardo GãNzalez CallejaAhorras un 5,0%
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- Editorial: DYKINSON
- Año de edición: 2013
- Materia: Historia de la educación
- ISBN: 978-84-9031-598-9
- Páginas: 378
- Encuadernación: Rústica
- Colección: < Genã©Rica >
- Idioma: Español
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La Universidad Central durante la Segunda República fue uno de los espacios intelectuales más atractivos de la denominada Edad de Plata de la cultura española, y constituyó en sà misma un verdadero núcleo de excelencia cientÃfica y académica a la altura del esplendor artÃstico y literario de aquellos años, aportando a la nómina de intelectuales más destacados los nombres de muchos de sus profesores.
Aquella Edad de Plata universitaria que se venÃa gestando en los años veinte con el progresivo acceso a las cátedras de una nueva generación más preparada que debÃa buena parte de su formación a las estancias en algunos de los principales centros de investigación europeos y a la actividad de los institutos y laboratorios de la Junta para Ampliación de Estudios, tuvo su momento de mayor apogeo durante la Segunda República por una cuestión de madurez intelectual y respaldo institucional.
El plantel de profesores de la Facultad de FilosofÃa y Letras era algo extraordinario. En sus aulas se podÃan escuchar las clases de metafÃsica de José Ortega y Gasset, las de filologÃa de Ramón Ménendez Pidal, las de historia del arte de ElÃas Tormo, las de historia medieval de Claudio Sánchez-Albornoz, las clases de lógica del lÃder socialista Julián Besteiro, las de historia de la lengua de Américo Castro, las de filosofÃa del joven José Gaos o las de ética de su decano Manuel GarcÃa Morente, junto a los que también impartÃan clase el ministro Domingo Barnés, el arabista Miguel AsÃn Palacios, al paleógrafo AgustÃn Millares Carlo, el pedagogo Luis de Zulueta, o el paleontólogo Hugo Obermaier, entre otros. Todos ellos eran figuras de extraordinario relieve en sus respectivas disciplinas, pero además tenÃan una gran ascendencia sobre la vida cultural española de la época, muchos de sus libros contaban con miles de lectores, y algunos desempeñaron además papeles muy relevantes en la vida polÃtica española.
La Facultad de Derecho contaba también con una brillante nómina de destacadas personalidades de la justicia, la abogacÃa, el derecho y la vida polÃtica. Eran catedráticos entonces figuras como los ilustres juristas internacionales Rafael Altamira y José Yanguas MessÃa, los ministros Fernando de los RÃos y AgustÃn Viñuales Pardo, el célebre penalista y padre de la constitución republicana Luis Jiménez de Asúa, el historiador del derecho Galo Sánchez, los conocidos juristas Felipe Sánchez Román y JoaquÃn Garrigues y DÃaz-Cañabate, el economista Antonio Flores de Lemus, o el secretario de la Junta para Ampliación de Estudios José Castillejo, por mencionar sólo a algunos.
La Facultad de Medicina contaba también con un buen número de cientÃficos de reconocido prestigio internacional, muchos de ellos discÃpulos de la afamada escuela histológica española de Ramón y Cajal. El histólogo Jorge Francisco Tello, el terapeuta Teófilo Hernando, el endocrino y famoso humanista Gregorio Marañón, el oftalmólogo Manuel Márquez, los patólogos Gustavo Pittaluga, Carlos Jiménez DÃaz y León Cardenal, el ginecólogo Manuel Varela Radio, o el fisiólogo Juan NegrÃn, que era diputado socialista y llegó a ser el último primer ministro de la República.
En la Facultad de Farmacia destacaban figuras como los quÃmicos Antonio Madinaveitia y José Giral Pereira, o el botánico José Cuatrecasas, mientras que en la Facultad de Ciencias las clases estaban a cargo de cientÃficos de la talla del matemático Julio Rey Pastor, el fÃsico Blas Cabrera, el zoógrafo Cándido BolÃvar, el geofÃsico Arturo Duperier, el geólogo Eduardo Hernández Pacheco o el quÃmico Miguel Catalán.
Curiosamente escasean en todas las facultades los nombres femeninos, que seguramente hubiesen accedido pronto a las cátedras de no haber sido cercenada en tan poco tiempo la democracia española, pues en los peldaños inferiores del escalafón empezaban a despuntar ya las carreras de MarÃa de Maeztu, Dorotea Barnés o MarÃa Zambrano, y eso también era un componente propio de los cambios sociales desarrollados por la Segunda República.

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