- Editorial: PERIFÉRICA
- Año de edición: 2026
- Materia: Narrativa contemporánea
- ISBN: 978-84-10171-69-5
- Páginas: 200
- Encuadernación: Rústica
- Colección: Largo Recorrido
- Idioma: Español
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Estas memorias tienen el doble significado de asistir a una vida que comienza, la infancia del autor, y a una época, la victoriana, que va agonizando. Estas dos líneas antagónicas permiten a Berners poner de manifiesto su singularidad, pues es un personaje dotado de una sensibilidad y una naturaleza contrarias a la rigidez y formalismo victorianos, que consigue sobrellevar gracias a un distanciamiento irónico y mordaz, pleno de sentido del humor.
El libro, aunque los capítulos se sucedan cronológicamente, se organiza en torno a dos momentos en la evolución personal del joven protagonista: el ámbito familiar y el internado; para concluir con un epílogo, donde subraya las claves de su infancia.
Arley, la mansión neogótica de los abuelos maternos, donde vive con su madre unos años, fue el escenario de las primeras etapas de la evolución de su carácter. Allí despuntó su original personalidad en un entorno acogedor y tradicional, pero a los seis años se mudaron a una casa propia en la que llevó una vida solitaria y aburrida, acompañado de su madre, su niñera y de pocos amigos. Va detectando que su carácter no encaja bien con el de la época, pues en el deporte y en la caza del zorro, signos visibles de la masculinidad victoriana, era un completo inútil; gustaba, en cambio, de la música o del arte.
Sus explosiones de ira predisponen a sus padres a llevarle a Elmley, un internado gobernado por un director que tenía aterrorizados a los alumnos. El colegio, con su rígida disciplina, el trauma de verse solo, la falta de intimidad y la convivencia obligada con sus colegas, supuso nuevos descubrimientos sobre la realidad del ser humano, también el despertar de una ambigua afectividad. Y reafirmó su incapacidad para acomodarse al modelo de masculinidad al uso.
La crítica de la sociedad victoriana, su rigidez y su falta de libertad, así como su carencia de espíritu poético y sentimental, da lugar a situaciones absurdas y divertidas, servidas por un estilo elegante, culto, pleno de ironía y de logros descriptivos.
Francisco Andrés

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