Background Image
Table of Contents Table of Contents
Previous Page  48 / 56 Next Page
Information
Show Menu
Previous Page 48 / 56 Next Page
Page Background

LEER PARA APRENDER

Y cuando ya saben leer, ¿aprenden mejor

en papel o da igual?

Creo que no debemos restringir la

lectura de los niños al papel. Lo cual no

significa que no lean en papel. En esta

segunda fase, a partir de los 8 años, es

responsabilidad de los adultos tener las

herramientas que ayuden a los niños a leer

sea como sea. En el formato que sea. Sea cual

sea el soporte.

Los niños ya han aprendido la base

técnica de leer. Son unos niños que no van a

vivir limitados a un solo formato, necesitan

una alfabetización múltiple. Ya no se trata de

leer a secas, sino de aprender a interpretar en

todos los formatos y soportes que les rodean,

enseñarles a ser “alfabetos múltiples”,

personas capaces de leer, de crear, de

interpretar, de revisar contenido escrito en

múltiples formatos.

Un niño de 9 años de hoy, cuando tenga

19 no vivirá en un mundo como el nuestro.

Probablemente habrá dos revistas en vez de

dos mil, los periódicos tampoco existirán

como tales, habrá muchos libros en papel

pero muchos más en formato electrónico,

habrá pantallas por todas partes, los videos

serán los reyes, tendrán aplicaciones de todo

tipo para gestionar su vida.

Por ejemplo, tienes un niño de diez

años, que está en cuarto de primaria, un curso

en el que deben tener ya un hábito de estudio,

ser capaces de sentarse a estudiar, que

también forma parte de la lectura. El profesor

les enseña a subrayar, o a interpretar palabras

que están en negrita en el libro, pero nadie les

enseña a hacerlo en una pantalla. Cuando ya

sean un poquito más mayores y tengan un

proyecto tecnológico en el cole, cuando

tengan una tableta, si nadie les enseña a

subrayar sobre la pantalla, si no van a poder

tachar sobre la pantalla como tachan sobre un

papel, si para el aprendizaje solo les enseña-

mos a relacionarse con el papel, se van a

quedar limitados. Porque cuando crezcan van

a tener una cantidad brutal de contenido en

pantalla. Cuando ya leen tenemos que dejar

de centrarnos en dónde leen, sino cómo leen,

da igual dónde. En esta línea, una idea positiva

es el proyecto “Leemos” (1).

¿EL EJEMPLO ? ES RELATIVO

¿La afición a leer se hereda? ¿Es decisivo el

ejemplo de los padres?

Tengo tres hijos, soy la misma madre,

van al mismo cole; yo leo mucho, unos me

imitan, otros no, o sea que el ejemplo es

relativo: el niño es selectivo en qué imita. Uno

lee mucho; otro, sin leer mucho, lee muy bien;

y la otra, sin leer mucho, y sin leer muy bien,

sin embargo es la que tiene mejor compren-

sión lectora, la que más retiene. No es solo el

soporte –pantalla o papel–, no es solo si el

libro es bueno o no: es el niño.

No es un problema de edad...

A veces el problema es cómo llegamos

a los padres. Si dices al padre: su hijo tiene

que leer, y su hijo no es muy lector, y el

padre no tiene mucho tiempo, estamos

creando un círculo vicioso que no va a

ninguna parte: el niño no leerá, y el padre no

hará mucho. Llegamos a las familias con un

punto de prejuicio, que a las familias no les

ayuda precisamente a avanzar. “No, es que

los niños tienen que leer en papel”. A mí, con

mi hijo mayor, me da igual que lea en Kindle,

en tableta o en cualquier soporte: lo que

quiero es que lea. Y al final, la manera de

conseguir que lea ha sido buscar textos que

por su contenido le atraen.

¿Por ejemplo?

Le encantan textos de personajes que

le gustan o historias de las que le gusta

buscar información en Internet, o en

Wikipedia.

¿Qué personajes le gustan?

Por ejemplo, Steve Jobs.

Pero ¿cuántos años tiene?

Doce.

¿Y ya le interesa Steve Jobs?

Le atrae gente que ha inventado, los

inventores. Pero si yo le regalo un libro con la

vida de Isaac Newton contada para niños,

me dice “¡mamá, paso!” Y sin embargo, si él

hace el ejercicio de irse a Wikipedia, a buscar,

entonces se le ocurre hacer un PowerPoint y

coge texto, y te cuenta la historia de Isaac

Newton. El niño está aprendiendo, aunque

no creo que vaya a conseguir que mi hijo sea

un gran lector de libros, y de libros de papel.

Lo que sí quiero es que mi hijo sea capaz de

leer algo, de interpretarlo, valorarlo,

entenderlo. Y si puede copiar el ejemplo de

Isaac Newton, mejor que mejor.

LEER EN COMPAÑÍA

Y antes, cuando el niño está aprendiendo,

¿qué medios hay para hacerle leer?

Uno es la lectura dialógica, en la que tú

estás leyendo un cuento con un niño, pones la

voz de un personaje, le dices: “mira lo que va a

pasar, mira el dibujo… ay, Dios mío, estoy

superpreocupada por Pulgarcito”; una lectura

en la que implicas al niño. Está comprobado

que el niño retiene la historia y la vive más

cuando hay una lectura dialógica que cuando

lee en una pantalla. El niño está ejercitando

más las capacidades que necesita para

aprender a leer. Y la implicación es mayor

cuando el libro está en papel.

“Existe un universo

enorme y muy positivo de

aplicaciones muy bien desa-

rrolladas para favorecer el

aprendizaje del niño.”

Esto cuando está aprendiendo a leer. Lo

que no significa que el epicentro sea el libro

clásico en papel, porque los libros para

pequeños en papel no son solo letras, siempre

han tenido dibujos. Cuando son mayores,

necesitan una serie de capacidades de

alfabetización múltiple, y cuando son peque-

ños, necesitan compañía en la lectura; da igual

la pantalla, es importante que el soporte sea

físico, lo cual no quita que se pueda comple-

mentar con contenidos que inciten a la lectura

en un entorno de juego didáctico. Hay

buscadores en Internet específicos para niños

y te llevan a páginas que son como reposito-

rios donde hay todo tipo de contenidos

interactivos.

El elemento clave es el adulto. Pero no

me vale decir: señor padre, señora madre, lea

usted con su hijo. Porque eso puede llevar a

SL

EDUCACIÓN

48 FUNDACIÓN

TROA