Freelander
Miljenko Jergovic
Karlo Adum está jubilado y es viudo. Todos sus seres queridos han fallecido y sólo conserva un Volvo en el que puede confiar y el Cartero, su amigo y confidente. Vive en Zagreb, donde recibe el telegrama que le anuncia la herencia de un tío suyo al que nunca ha visto. Ha de ir a Sarajevo y recorrer un mosaico de razas, etnias, lenguas y costumbres: croatas, bosnios y serbios. M...
Karlo Adum está jubilado y es viudo. Todos sus seres queridos han fallecido y sólo conserva un Volvo en el que puede confiar y el Cartero, su amigo y confidente. Vive en Zagreb, donde recibe el telegrama que le anuncia la herencia de un tío suyo al que nunca ha visto. Ha de ir a Sarajevo y recorrer un mosaico de razas, etnias, lenguas y costumbres: croatas, bosnios y serbios. Mientras piensa en llevarse una pistola, le asaltan los recuerdos de su mujer, de su infancia, de la Segunda Guerra Mundial. La relación con los alemanes en esa guerra tiene su importancia en la novela. El tono del autor es irónico y describe detalles nimios, como los olores, las marcas de loción de afeitado junto con otros más abstractos y difíciles de entender si el lector no conoce el modo de ser de croatas, serbios y bosnios. El autor mezcla el presente y el pasado constantemente, con un gran desorden que se hace característico de este relato. Ese desorden se articula con el monólogo interior del protagonista y con el relato de hechos variados que nos dan claves para vislumbrar la desolación de unas tierras tras las guerras sufridas y las rivalidades que mantienen entre ellos.
La novela puede resultar poco comprensible para un lector que no conozca bien la historia de esos pueblos y sus características. Parece que el autor escribe para ellos, y es uno de ellos: nació en Sarajevo en 1966 y reside en Zagreb.
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